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EL HOMBRE

HORA DE SU MUERTE EL RELOJ SE DETUVO

El 17 el general se levantó sereno y con las fuerzas suficientes para pasar a la habitación de su hija, donde pidió que le leyeran los diarios, ya que el estado de su vista no le permitía desde hacía mucho tiempo hacerlo por sí mismo. Hizo poner rapé en su caya para convidar al médico que debía ver más tarde y tomó algún alimento. Nada anunciaba en su semblante ni en sus palabras el próximo fin de su existencia...

Después de las 2 de la tarde, San Martín se sintió atacado por agudos dolores de estómago. El doctor Jardón, su médico, no se alarmó y dijo que aquel ataque pasaría como los precedentes. En efecto, se calmaron sus dolores pero repentinamente el general, quien había pasado al lecho de su hija, hizo un movimiento convulsivo, indicando a Balcarce, con palabras entrecortadas, que la alejara, y expiró casi sin agonía.

Alguno días antes se había sentido atormentado en la noche por sus dolores, había tomado una dosis de opio mayor que la prescripta para calmarlos y en la mañana siguiente amaneció moribundo. Las aplicaciones de sinapismo lograron reanimarlo pero vino luego una reacción con fiebre violenta que, seguramente influyó en su muerte imprevista, a pesar de las engañosas apariencias de mejoría en los últimos 4 días.

En la mañana del 18 estaban los restos inanimados de este hombre cuya vida está escrita en páginas tan brillantes en la historia americana. Su rostro conservaba los rasgos pronunciados de su carácter severo y respetable. El crucifijo estaba colocado sobre su pecho, otro en una mesa entre dos velas que ardían al lado del lecho de muerte. Dos hermanas de la caridad rezaban por el descansó de su alma.

Un reloj de cuadro negro colgado en la pared marcaba las horas con un sonido lúgubre, como el de las campanas de agonía. Y este reloj se paró aquella noche en las tres, hora en que el General había muerto. Singular coincidencia.

"El reloj de bolsillo del mismo general,
se detuvo también en aquella última hora de su existencia..."

 

 

Así se extinguió la vida del padre de la Patria;

Con gran destreza observó a Merceditas que se inclinaba sobre él , y le dijo suavemente :
- Hija ,ésta es la fatiga de la muerte .

Después de las 2:00 de la tarde el General San Martín se sintió atacado por agudos dolores nerviosos al estómago. El Dr . Jordán , que le asistía y a quien el héroe dispensaba gran estima, no se alarmó y opinó que pasarían. Pero a las tres de la tarde las gastralgias recrudecieron con rara intensidad, y un frío glacial comenzó a discurrir por sus extremidades.
Apenas hubo tiempo de levantarlo de su sillón y acostarlo en la misma alcoba , sobre el lecho de su hija .El Dr. Jordán , que acababa de entrar , le prestó los necesarios aunque ya inútiles auxilios . El moribundo entreabrió los ojos y al oír hablar cerca de él a Balcarce y a su hija , hizo al yerno un ademán , indicándole con palabras entrecortadas que llevase de la habitación a Mercedes , para que no sufriera de verlo morir .
Así ,en plena conciencia ,mitigando el dolor filial ,seguro de sí mismo ,expiró San Martín a las 3 de la tarde el 17 de agosto de 1850 ,en Boulogne-sur-Mer ,después de una expatriación de venticinco años y a los setenta y dos de su trabajada vida .
Cuando entregaba su alma a Dios , lo rodeaban , a más de Merceditas , su yerno don Mariano Balcarce , sus nietas Josefa y Mercedes , su médico el doctor Jordán y el cónsul de Chile en París , don Javier Rosales, amigo entrañable del General .
Esta frase enviada a M. Belgrano señala el pensamiento de San Martín:

"No esperemos recompensa de nuestra fatiga y desvelos,
y sí solo enemigos. Cuando no existamos, nos harán justicia'.'